Barranca Yaco, La muerte del Tigre

Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las etrañas de tu noble pueblo!.

Tu posees el secreto: Revelanoslo!

Diez años aún despues de tu traginca muerte, el hombre de las ciuddes y e gaucho de los llanos argentions, al tomar diversos senderos en el desierto, decían “No, no ha muerto!” Vive aun!….

-Facundo, Domingo Faustino Sarmiento.1280px-Posta_de_Barranca_Yaco

Allá por el 2011 junto a mi madre, recorrimos la ruta del Antiguo Camino Real. Haremos varias revisiones de pequeñas historias a la vera del camino que uniera la Buenos Aires con el Potosí, pero ningún sitio alberga la importancia en la historia Argentina y Latinoamericana como Barranca Yaco.  Aquí el 16 de Febrero de 1835, una partida al mando del Capitán de Milicias Santos Pérez emboscó el carruaje que transportaba a Facundo Quiroga, “El Tigre de los Llanos”.

Cuentan los cronistas que Quiroga, fiel a su carácter ya  su fama de hombre valeroso, asomó por la ventana de la galera al grito de “¿Quién manda esta partida?”, recibiendo por solitaria respuesta un disparo a quemarropa de Santos Pérez, que se llevara su vida.

Segun las crónicas, aquí en la barranca tambien encontraron su hora final su secretario, José Santos Ortiz y un niño del cual no se guarda registro de identidad.

Nunca se supo quién ordenó la muerte de Facundo, y ya 10 años despues, Domingo Sarmiento expresa en su “Facundo”

“¿Quién lanzó la bala oficial que detuvo su carrera? ¿Partió de Córdoba o de Buenos Aires?. La historia explicará este arcano. Facundo Quiroga empero, es el tipo más ingenuo del carácter de la guerra civil de la República Argentina, es la figura más americana que la revolución presenta”

Esta doble alusión que realiza desde su exilio en Chile el futuro presidente de la República, se debe a que si bien, se reconoce como autores intelectuales del crimen de Facundo Quiroga a los hermanos Reinafé,  principalemnte José Vicente, Sarmiento (y en parte nosotros también) duda de la inocencia de Juan Manuel de Rosas en todo este asunto. Irónicamente la fe de Sarmiento en la historia es mucha, ya que hoy a casi 200 años de su muerte, el arcano aún no se ha develado.

Facundo Quiroga era un federal de pura cepa, y no por conveniencia como Juan Manuel, y luego de ganar el control de la Confederación Argentina, Quiroga y Lopez se enemistaron, Quiroga tenia aspiraciones propias que incluían el gobierno de Cordoba, donde ahora mandaba el ya mencionado Jose Vicente Reinafé, hombre de confianza de Estanislao Lopes.

Pero el principal punto de fricción con Juan Manuel de Rosas estaba dado por el caracter federal del primero y el completamente unitario del segundo. Quiroga queria una patria completamente federal, mientras que Juan Manuel de Rosas quería el poder central en Buenos Aires bajo la divisa federal, igualmente el Restaurador de las Leyes era demasiado inteligente como para enfrentar abiertamente a Quiroga, y luego de su muerte, se encargo muy bien que los conspiradores fueran enjuiciados tantas veces como fuera necesarias hasta ser encontrados culpables. Los hermanos Reynafe y Santos Perez fueron asi absueltos en Córdoba pero encontrados culpables en Buenos Aires y fusilados sin miramientos.

Cabe destacar que lo ocurrido aquí en Barranca Yaco fue la excusa que necesitaba Rosas para unir a las tropas detras de la divisa rojo punzó. Estanislao Lopez perdio el control de Cordoba al ser fusilado su hombre en la provincia, dejando el camino abierto a Rosas para erigirse como unico líder del Partido Federal.

Para finalizar ésta primera parada en nuestro viaje, quisiera compartir una conclusión personal sobre lo irónico de la historia, hoy Juan Manuel de Rosas ha sido revisionado e indultado por sus deslices pero de Facundo Quiroga, solo quedan unas cruces a la vera del camino, sus restos que hoy descansan en el Cementerio de la Recoleta, junto al sueño de una Argentina Federal, sueño que murió a su lado, ultimado por aquel balazo de Santos Pérez, quizas, apuntado por la mano del Restaurador.

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