Dique San Roque: obras, mitos y dudas acerca del emblemático embalse

Si uno habla de la provincia de Córdoba, hay imágenes que vienen a la mente de cualquier argentino, “el cantito”, “los alfajores”, “las sierras”, “el burrito”, “el Arco de Córdoba” y “El Embudo”.

Pocas represas tienen la fama que goza el Dique San Roque, enclavado en las sierras chicas, vecino a la ciudad de Carlos Paz. Su vertedero en forma de embudo, y su desagüe auxiliar conocido como “el velo de la novia” adornan cuanta postal, caja de alfajores y recuerdo uno se lleve de su estadía en la localidad serrana.

Así es que también si uno transitó su ruta educativa por las escuelas de “la docta” allá por “los ochenta“, junto al “…nido de paja mustia y en la arboleda la angustia del pájaro fiel que llama..” de Leopoldo Lugones, uno aprendió que los ríos que cruzan la provincia son cinco y que no éramos muy originales para poner nombres: “Primero”, “Segundo”, “Tercero”, “Cuarto” y “Quinto” y también aprendimos sus otros nombres, más difíciles y menos ordenados y que salvo excepciones venían entre paréntesis,  “Suquía”, “Xanaes”, “Ctalamochita”, “Chocancharava” y “Popopis” y que el Ctalamochita y el Chocancharava se unían cerca del límite con Santa Fé para dar orígen al Carcarañá.

Y de yapa aprendimos también que el Dique San Roque fue construído por Bialet Massé y “Cassaffousth” y que su historia fue una historia trágica cargada de infamia, de falsedades, de traiciones.

En la escuela nos enseñaron que la obra:

“Fue proyectada durante la gestión gubernamental del doctor Miguel Juárez Celman (1880-1883). Era el primer dique que se levantaba en América del Sur. Comenzó a construirse en 1884. Los responsables fueron el doctor Juan Bialet Massé como constructor empresario y el ingeniero Carlos Cassaffousth como representante oficial del gobierno.

El dique San Roque es el fruto de la inteligencia, la visión y la férrea voluntad de estos dos grandes hombres.

La participación de Bialet Massé tiene una especial importancia. Bialet había nacido en tierra española; era médico, abogado, agrimensor, estanciero e industrial. Al tiempo de comenzarse las obras del dique era propietario de una estancia ubicada al noroeste del valle de San Roque, con el río Cosquín como límite natural hacia el este. Dentro de su propiedad existía una vasta cantera de piedra caliza, de treinta y tres hectáreas. Su capacidad de investigador lo llevó a descubrir que esas cales eran hidráulicas (es decir, que se endurecían al contacto con el agua) y que eran tan buenas como las mejores del mundo… []… A fin de llevar adelante la obra Bialet Massé fundó la primera fábrica argentina de cales y cementos. La dotó de modernas maquinarias y construyó galpones, depósitos, túneles, hornos.. . Uno de estos hornos de cal, en forma de balde invertido, puede verse a la vera izquierda del camino que conduce de Carlos Paz a Cosquín: es monumento histórico.”

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(imágen correspondiente a www.carlospaz.com.ar)

Y además supimos que…

“ Con el andar del tiempo, en la población empezó a correr la noticia de que el dique tenía graves fallas de construcción y que todo el material empleado era de mala calidad: ladrillos, compuertas, cal… De esta manera, el muro podría desmoronarse en cualquier momento.

El miedo se apoderó de los cordobeses que oían exclamar con frecuencia, como un campanilleo fatal: “El dique se viene! ¡El dique se viene!”. Hasta que las autoridades judiciales ordenaron la prisión preventiva de Juan Bialet Massé y Carlos Cassaffousth, acusados de ser los responsables de las presuntas “fallas y defectos” de la obra del dique.

Durante el inicuo juicio y encarcelamiento, tanto Bialet como Cassaffousth fueron perjudicados en sus bienes materiales y en su honor. Pero a su tiempo la justicia llegó, reconociéndose la inocencia de ambos procesados que fueron puestos en libertad.

Sobrevino más tarde la muerte de Cassaffousth, en 1900. Los ataques contra el dique se renovaron. Hubo nuevas y formidables crecientes del río Primero (Suquía), pero la presa resistió triunfal. Dijo entonces Bialet: “La tempestad de la pasión pasará y el dique perdurará por los siglos para gloria de Cassaffousth, de la ciencia nacional y para el provecho de Córdoba”. (1)

Mi maestra de cuarto grado además, solía agregar con voz solemne, “tantos fueron los embates contra el pobre Casaffousth que éste se terminó suicidando, aunque años más tarde cuando se construyó el paredón nuevo del dique, ni siquiera la dinamita pudo con su obra, reivindicándolo”

No culpo la verdad, ni a mi maestra de cuarto grado, ni a mi Manual Estrada Suplemento Provincia de Córdoba del cual extraje textualmente los párrafos que cito con anterioridad, eran otras épocas y querían enseñarnos el amor y el respeto por lo nuestro, aún cuando para ésto, la historia tuviese que ser pulida, revisada y limpiada de toda mácula.

La realidad es otra un poquito diferente, Casaffousth (sin la doble “ese”), no se suicidó, sino que murió de una enfermedad pulmonar el 24 de agosto del 1900, su apellido se escribía con una sola “ese” pero gracias a una confusión fruto de un cartel puesto por la compañía inglesa que administraba los ferrocarriles de Córdoba se inmortalizó con las dos que se lo presenta incluso en el colegio que lleva su nombre, y no como su firma lo indica, con una sola “ese”.

Que además del Dique San Roque, construyó el canal de “La Cuarteada” en Santiago del Estero y que fue discípulo de un tal Alexandre Gustave Eiffel mientras estudiaba ingeniería en París. (2)

El Dique en sí, lo manda a construir el gobernador Miguel Juárez Celman, en 1884, se lo encarga al ingeniero Eugenio Dumesnil, y éste se asocia con Carlos Casaffousth para llevar a cabo la obra.

Los estudios se presentan un 1 de mayo de 1884 y el 21 de Octubre de 1886 la provincia le cede los derechos de construcción a la empresa Funes & Bialet, propiedad de Juan Bialet Massé y Felix Fúnes.

Las obras se sucedieron por cuatro años y el 12 de abril de 1890 el ahora Presidente de la Nación, Miguel Juárez Celman la inaugura con toda pompa.  Por aquellos años, fue el primer dique de sudamérica y el mayor embalse artificial del mundo.

Pero, sobrevendría la debacle. En mayo de 1892 Manuel Pizarro, apenas asumida la gobernación solicitó a la legislatura efectuar los primeros arreglos en el paredón del dique, según sus aclaraciones “El dique se encontraba con algunos desperfectos que si bien no revisten peligro inmediato para su estabilidad requieren una urgente y eficaz reparación”.  Vieja historia Argentina, el que viene, se lleva puesto lo que dejó el que se fue.

La historia oficial de “Kapelusz” y “Estrada” nos dicen que un informe de dos ingenieros venidos de Buenos Aires, el sueco Federico Stavelius, por entonces vicepresidente del Departamento de Ingenieros de la Nación y Cristian Kürzer, empleado de las obras del puerto de Buenos Aires elevaron un informe sobre el estado del dique que devino en un proceso por “Defraudación en la Calidad y en el precio de la Obra del Dique”.

Casaffousth y Bialet Massé fueron arrestados, el primero quedó en la ruina y finalmente en 1893 el juez ordena la libertad de ambos imputados y ordena a la provincia pagar las costas del juicio (unos $200.000). Casaffousth viaja primero a Santiago del Estero, luego a Gualeguay donde fallecería, y Bialet Massé entre otras cosas, escribiría el “Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas” considerado por muchos como la base de la legislación laboral Argentina. La reivindicación vendría con el “Nuevo Dique”

“El Nuevo Dique San Roque, con paredón curvo de hormigón armado e inaugurado en 1944, embalsa agua a la misma altura y cantidad, diferenciándose básicamente en un mejor sistema de vertedero de descarga y contener en forma mucho más eficiente las crecientes, contando para estas dos funciones con un embudo vertedero que posibilita controlar 8 metros más de altura en el embalse, solucionando un grave problema de todos los Diques diseñados hasta fines del siglo XIX, cuál era el control de las crecientes aluviales. El sistema de Embudo Vertedero limita la salida de agua a 300.000 litros por segundo, de los usuales 5000 litros promedio. Esta “amortiguación” es posibilitada por los 8 metros de altura “extra” en el nuevo paredón y el sistema de embudo vertedero.

El paredón del original Dique San Roque, tenía (tiene, aunque no lo veamos) 140 metros de largo y 35 metros de altura desde su base con 5 metros de ancho en su coronamiento y 30 en su base. Un total de miles y miles de metros cúbicos y toneladas de piedras amalgamadas por las Cales Hidráulicas del Dr. Juan Bialet Massé.

En momento de su reemplazo en 1944, se efectuó una abertura vertical en su estructura para permitir el paso de las aguas. La abertura debió realizarse con todo un vagón de dinamita, observado en la foto que se muestra a continuación y que corresponde a como se ve actualmente el paredón cuando bajan las aguas.”(3)

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(la foto corresponde al sitio: http://www.bialetmasse.com)

Hasta aquí, salvo el suicidio el cual es un mito comprobado, una historia interesante. Pero, el investigador, articulista y escritor, Javier Llorens en su artículo “Los mitos del viejo dique San Roque” publicado en “La Voz del Interior” nos presenta una historia un tanto más “argentina” de nuestro San Roque. (4)

Transcribo aquí dicho artículo en forma completa.

“La historia, plagada de mitos, logró en este caso la proeza de transformar en próceres a quienes habían delinquido defraudando al fisco.

Javier Llorens.

 En un reciente editorial de La Voz del Interior, pude leer nuevamente la consabida historia de la inexpugnabilidad del viejo dique San Roque y la supuesta patraña del proceso penal seguido contra sus dos principales constructores.

 En cambio, una lectura atenta del “Proceso seguido contra el ingeniero civil Carlos Cassaffousth y el empresario constructor Dr. Juan Bialet Massé por supuesta defraudación y defectos de construcción en las obras”, publicado por el mismo Bialet Massé, permite apreciar que ninguno de ambos fue sobreseído por ser inocente o por falta de pruebas. Fueron absueltos porque, según el juez Antenor de la Vega, el perito de la acusación –el ingeniero sueco Federico Stavelius– no tenía título revalidado en la Argentina. La Justicia cordobesa privilegió las formas por sobre el fondo, para evitar juzgar a estos personajes vinculados con el poder de turno.

 Extensa acusación. La acusación era por defraudación en la calidad y cantidad de los materiales; por no haber construido un macizo o calicanto de “mampostería concertada” y haberlo sustituido por dos muretes laterales construidos de la misma manera, rellenados con cal y piedras a granel. Esto hacía que cuando el dique llegaba a su cota máxima, el paredón trepidaba, lo que generaba pánico aguas abajo (…), entre otras denuncias.

 La esencia de la acusación nunca fue rebatida por Cassaffousth, ni por Bialet Massé ni por nadie. Los acusados, con la connivencia del juez, se beneficiaron de la supuesta invalidez del diploma del perito para quedar sobreseídos.

 La empresa responsable de la construcción del dique era Funes & Bialet. Félix Funes pertenecía al patriciado cordobés; era diputado (por esa razón no fue imputado) y el que cobraba los certificados de obra. Y, por ser hermano de Clara y Elisa Funes Díaz, era nada menos que cuñado de Julio Argentino Roca y de Miguel Ángel Juárez Celman, en cuyos mandatos presidenciales se proyectó y construyó el dique, en ese tiempo la obra más importante de Sudamérica, tanto por su monto –equivalente en la actualidad a 1.200 millones de pesos– como por su envergadura, a la par de la torre Eiffel, de París.

 Cassaffousth era el proyectista e inspector del proyecto y cobraba el cinco por ciento de comisión sobre cada certificado de obra. A mayor monto, mayores comisiones. La historia oficial dice que tanto Cassaffousth como Bialet Massé murieron pobres, lo que se presentó como prueba de su honestidad. Pero calla que empobrecieron por efecto de la devastadora crisis de 1890, al fracasar los audaces emprendimientos que habían emprendido, mediante el endeudamiento con los bancos.

 Ante los gravísimos defectos que presentaba la construcción del dique, entre 1892 y 1928 se hicieron 14 modificaciones a la obra, para tratar de asegurar su estabilidad; una cada dos años y medio, sin ningún resultado positivo. Por eso se decidió, finalmente, hacer en terrenos contiguos, aguas abajo, un nuevo paredón de cemento armado, con las mismas prestaciones que el viejo, lo que muestra la enorme estafa que se había cometido. Al quedar totalmente impune, inició y posibilitó la cadena de estafas y grandes negociados con las contrataciones públicas, que Córdoba y la Argentina vienen soportando hasta la fecha

 Nuestra historia oficial, plagada de mitos, en este caso logró la proeza de transformar en próceres a quienes habían delinquido defraudando gravemente al fisco. Lamentablemente, no son el único caso al respecto. Y así nos va, convertido en un país cada vez más insignificante, asolado por sus propios gobernantes.”

Héroes de la Provincia,  que nos legaron la indestructibilidad del paredón viejo y que fueron injustamente condenados por la ignorancia popular al grito de ¡SE VIENE EL DIQUE!, o parte exponente de la patria contratista y de los turbios negociados que salpicaron toda la infame década del 80 en la República Argentina, víctimas o victimarios, yo, no lo sé y no es el espíritu de éste blog sacar conclusiones sino contar historias y exponer puntos de vista, desde la objetividad imparcial, para permitir a nuestros lectores sacar las suyas.

Lo cierto aquí es que, el paredón viejo aún puede verse, cuando las aguas bajan lo suficiente, si uno por supuesto supera las náuseas provocadas por los efluvios que emanan de las verdes aguas del San Roque por los días que corren.

Para esta entrada consultamos y tomamos prestado material de:
(1)Manual Estrada de 4to grado “Suplemento para la Provincia de Córdoba” , Editorial Estrada 1987
(2)https://www.geni.com/people/Carlos-Adolfo-Casaffousth/6000000013346713220
(3)http://www.bialetmasse.com/Casaffousth/index.htm
(4)http://www.lavoz.com.ar/opinion/mitos-viejo-dique-san-roque
Otras fuentes consultadas:
http://naujtelaib.blogspot.ie/
http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/argentina/calumnias-historia.htm
Manual Kapelusz para 4to grado “provincia de Córdoba”. Editorial Kapelusz 1985

 

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